Guadalupe Loaeza
Parece que fue ayer que escribí un texto titulado “¡Gracias, Lupita!” (La Jornada, sábado 25 de mayo de 1991), en el que me congratulaba por una excelente noticia:
Sin duda Lupita Jones Garay, Miss Universo 1991, es la cereza que coronó el gigantesco pastel de 12 pisos que forma México. Gracias a Lupita, nos hemos convertido de la noche a la mañana en un país guapo, listo, sereno, controlado, libre, educado, bilingüe, discreto. Hoy como nunca frente a todo el Universo de 1991, somos un país con una sonrisa preciosa, consciente, delgado, victorioso, con cuello, joven y con una sonrisa preciosa. Gracias al triunfo de Lupita, frente a los jurados de todo el mundo, somos ahora un país con prestancia, con garbo, controlado, dinámico, culto, solidario, perseverante y fino. Ahora sí que los mexicanos ya somos exportables, a donde iríamos, nos pondrían, 9.823 de promedio.
Así como le colocaron la corona, le pusieron su banda y le entregaron cetro y ramo de rosas rojas a Lupita Jones, por haber sido elegida por unanimidad Miss Universo 1991, así igualito le hicieron al país con la aprobación del Congreso de Estados Unidos del fast track. Con este problema resuelto, todos pero to-di-tos los demás quedaron solucionados. Bien lo dijo Lupita cuando le preguntaron: “¿Cuál es el problema más difícil que enfrenta tu país actualmente y qué crees que se debe hacer al respecto?”. A lo que contestó con toda, toda oportunidad: “Bueno, creo que el más reciente problema que tenemos en nuestras manos es el Tratado de Libre Comercio. Yo creo que será difícil para mi país, porque tenemos que competir con mucha tecnología avanzada de otros países o regímenes que tienen más adelantos que nosotros, pero sé que lo vamos a lograr. Sabemos que somos un gran país y la gente es muy buena. Yo creo que debemos esperar”.
Oh, my God, cómo sabía que: “lo vamos a lograr”. Si nadie podía meter la mano al fuego si se lograba, sin embargo, ella lo sabía. Como sin lugar a dudas, sabía también que se convertiría en Miss Universo 1991. Quizá a Lupita se le grabó aquella célebre frase de don Rolando Jones, que pronunció al momento del nacimiento de su única hija: “Ha nacido la primera mujer mexicana que será Miss Universo”. Por eso gracias a que se cumplió esta extraordinaria premonición es que somos un país que sabe caminar derechito, con la cabeza bien erguida; que sabe hablar correctamente. Pero sobre todo ¡Dios mío!, que sabe, y lo sabe bien, que lo importante es “esperar”, como la reina Lupita lo aseguró.
Ay, Lupita, sin exagerar tu denominación, le hizo como un lifting al país, le dio otro look, mucho más glamoureurs, y ciertamente con vision of the future. ¿Qué más podemos desear los mexicanos? Si contigo ya nos ganamos el premio gordo de la lotería. Ojalá que te pudieras reelegir en 1992 para que sigamos avanzando. Así si te vuelven a preguntar: “¿Cuál es el problema más difícil que enfrenta tu país?”. Tú puedas contestar: “In Mexico there are no problems, now everything is perfect!”.
¡Qué tiempos aquellos! Me temo que así como está hoy nuestro país, Estados Unidos no firmaría ningún tipo de tratado con nosotros, creo que Canadá tampoco...
Ahora todo ha cambiado. El TLC no fue la panacea que Salinas prometió. Lupita Jones está a punto de dejar las riendas de Nuestra Belleza México, la franquicia que selecciona a las representantes del país a los concursos Miss Universo y Miss Mundo, y la guapísima Ximena Navarrete, Miss Universo 2010, quien en 1991 apenas tenía tres años, afirma que procurará, tal como se lo ha aconsejado Lupita: “sacar la cara y promover todo lo bueno que tiene su país, a pesar de los momentos difíciles que se viven”. Sí, 19 años después todo ha cambiado, especialmente en lo que se refiere a la controvertida Ley Arizona contra la inmigración ilegal. Era evidente que Ximena no podía dejar de mencionar que “Todos los países tienen derecho a crear sus leyes migratorias, pero todos los mexicanos y latinos que trabajan en Estados Unidos lo hacen para tener una mejor calidad de vida y hay que respetar los derechos humanos de las personas”. Contrariamente a Lupita Jones, ahora Ximena (con X, como le gusta escribir su nombre) tendrá que ser la embajadora de un país con un prestigio internacional en caída libre, nada que ver con el que tuviera hace 19 años, cuando nos sentíamos con un pie en el primer mundo.
Vaya reto que tendrá Ximena cuando en sus próximas actividades públicas le inquieran acerca del narco, de la inseguridad, de la violencia, de la situación de Pemex, de los crímenes contra periodistas, de la corrupción, de la impunidad y del Bicentenario fallido. ¿Qué irá a contestar? Que mejor hable de su novio, Pablo Nieto, que no piensa dejar jamás, porque está muy enamorada de él desde hace más de tres años. Que hable del mariachi, que hable del tequila, que hable del nuevo estadio de “Las Chivas”, que hable de la birria y las tortas ahogadas, que hable de Tlaquepaque, que hable de sus 45 mil seguidores que ya tiene en Twitter, que hable de sus padres, de quienes dice: “mis papás y mi novio me tienen mucha confianza, todo el tiempo saben en dónde y con quién estoy. Saben que no hago nada de lo cual me pueda arrepentir”; que hable del vidrio soplado y de los arrayanes, pero que no, no, no hable de su coterráneo, el cardenal Sandoval Íñiguez...
Por último, le diré como le dije en su momento a Lupita: “Gracias, Ximena”, por haber embellecido por un día las primeras planas de los periódicos nacionales.
UN PAÍS “REVOLUCIONADO”
Mi querido don Porfirio:
Me dirijo a usted como una ciudadana desesperada, más que desesperación, lo que siento es una profunda desilusión. Estamos a unos días de celebrar nuestro bicentenario de la Independencia y centenario de la Revolución y lo que se nos espera es realmente para llorar. Bien, a bien no sabemos qué es lo que estamos celebrando porque en realidad no hay nada realmente que celebrar. Hoy por hoy la situación del país es verdaderamente lamentable. Vamos dizque a “celebrar” nuestra independencia de España después de 300 años de yugo español, pero desgraciadamente en el siglo XXI dependemos económicamente, 90 por ciento, del yugo estadounidense. Vamos dizque a celebrar 100 años de nuestra Revolución, y el país está más “revolucionado” que nunca a causa del crimen organizado. Y por último, vamos dizque a celebrar la unión, la paz y la libertad, cuando hay mucha desunión entre los partidos, gobernantes, los empresarios y las Cámaras; cuando millones de mexicanos, de todos los niveles, quieren salir de la patria por miedo y por falta de trabajo. ¿La libertad? Las y los mexicanos no nos sentimos libres, cuando ni siquiera podemos salir a la calle y mucho menos viajar por la República, sin sentir un miedo pavoroso. El 15 de septiembre, el dizque Presidente dará el Grito, sí, pero finalmente será el pueblo el que dará un grito: un grito de dolor, de coraje, de frustración, pero sobre todo, de desesperanza. ¿Qué nos sucedió, don Porfirio? ¿Cuándo se pensó que habría una nostalgia por el porfiriato? Lo extrañamos, don Porfirio. Cuando pasearon los restos de nuestros héroes que forjaron nuestra patria, por el Paseo de la Reforma, muchos, pero muchos pensamos: “¿Cuándo se pasearán los restos de don Porfirio para recibirlo con aplausos y darle el sitio que se merece?”. Dicho lo anterior, no se me oculta, mi querido don Porfirio, lo que usted significó para el país: dictadura, analfabetismo, miseria, racismo, autoritarismo, represión y lo más grave de todo, una absoluta falta de democracia. Pero imagínese nada más, en qué estado nos encontraremos en estos momentos los mexicanos, que no podemos dejar de evocarlo y extrañarlo, especialmente en estas fechas. Todavía lo veo, tal como aparece en las imágenes de Memorias de un Mexicano de la Fundación Toscano, el día de la inauguración del Ángel de la Independencia, acompañado del vicepresidente Ramón Corral, además de todo el gabinete y los representantes de los 31 gobiernos que enviaron a México, los miembros del cuerpo diplomático y los comisionados de los tres Poderes de la Unión. Tengo entendido que el monumento costó 390,685 pesos y nosotros vamos a gastar más de 600 millones de pesos y no vamos a inaugurar ningún monumento. Usted tardó 10 años en organizar esta fiesta del primer Centenario, y el gobierno de Calderón comenzó con las festividades hace tan sólo unos meses. Solamente para alumbrar los edificios públicos se instalaron cerca de millón y medio de bujías eléctricas, actualmente esto no sería posible en el Distrito Federal porque constantemente se va la luz. Todo el mes de septiembre de 1910, la ciudad se vistió con un traje de luces.
Todos los días hubo festejos, desfiles, inauguraciones, bailes, banquetes, discursos, tés danzantes, congresos, exposiciones, kermeses, funciones de cine, desfiles de carros alegóricos, brindis, homenajes, actos cívicos, fuegos artificiales, excursiones a Xochimilco y a Teotihuacan, develaciones de placas conmemorativas, procesiones militares, funciones de gala en todos los teatros y fiestas en todas las ciudades de la República. Actualmente, todos los días de todos los meses, las y los mexicanos, estamos de luto por los asesinatos originados por el crimen organizado. Treinta y un países mandaron representaciones diplomáticas para festejar el primer centenario y fueron invitadas muchas personas de muchos países extranjeros. En estos momentos, nadie quiere viajar a nuestro país, por añadidura nuestra imagen ha caído hasta lo más bajo que se pueda usted imaginar. De manera muy generosa, muchos miembros de las familias más distinguidas prestaron sus residencias para instalar a nuestros huéspedes, ahora muchas de estas familias se han exiliado y sus residencias están resguardadas por alarmas y “guaruras”. Tal vez la obra que más despertó la admiración del país fue la inauguración del Manicomio General que se hizo en los terrenos de la antigua hacienda de la Castañeda. Este complejo de 24 grandes edificios y dos pabellones costó 2,243,345 pesos. Tenía capacidad para 1,000 internos, los cuales eran atendidos en el edificio de enfermos distinguidos, y también en los de alcohólicos, imbéciles, tranquilos y enfermos peligrosos. De existir la Castañeda, créame don Porfirio, que habría, por parte del gobierno, una larga lista, esperando su ingreso... El 23 de septiembre ofreció un gran baile en el Palacio Nacional al que fueron invitadas 8,000 personas. En uno de los muros de los corredores se instaló la enorme mesa oficial para el banquete, con capacidad para 200 cubiertos. Usted llegó muy puntual, a las diez de la noche, vestido de civil, para encabezar la ceremonia. Luego de saludar a sus invitados, se hizo una suntuosa columna a sus espaldas, doña Carmelita y usted iniciaron el baile hasta las doce de la noche. A esa hora pasaron al comedor...
Claro que después vino la Revolución... ¿Acaso nosotros no estamos viviendo algo muy semejante...?
gloaeza@yahoo.com
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