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Aunque se enoje el Presidente…

Rosario Robles

Las políticas actuales de seguridad pública privilegian el esquema policiaco/militar y excluyen a los ciudadanos. La defensa del orden establecido está por encima de la vida de las personas

Desde luego que hay otros caminos. En el mundo entero, y en particular en América Latina, se han formulado estrategias avaladas por exitosas experiencias. Políticas públicas que se han aplicado en ciudades que apenas ayer eran tan peligrosas como algunas de las nuestras y que hoy son seguras. El asunto es que han partido de reconsiderar el esquema tradicional de seguridad pública (al que tanto se aferra el gobierno federal sin muchos resultados) y diseñar en consecuencia alternativas que responden a un enfoque radicalmente diferente: el de la seguridad ciudadana. La política calderonista no es nueva. Ante la oleada criminal y la incapacidad de las instituciones de frenarla, el resultado ha sido la militarización de la seguridad pública, la privatización de la misma (empresas con policías poco capacitadas y sin controles de calidad necesarios, cierre de calles y contratación de vigilancia privada, etc.) y la aparición de estructuras paralelas “extraoficiales” como los grupos promovidos por el alcalde panista de San Pedro Garza en Nuevo León. Las políticas actuales de seguridad pública privilegian el esquema policiaco/militar y excluyen a los ciudadanos. Lo más grave es que, a contracorriente de lo que dice el presidente, esta lógica conduce inevitablemente a la violación de los derechos humanos y de las garantías individuales, situación permitida pasivamente por el temor y la incertidumbre de la población. En esta perspectiva, la defensa del orden establecido está por encima de las vidas de las personas y sus derechos. Sus muertes son daños colaterales. En su elaboración y desarrollo, las mujeres no son consideradas a pesar de ser las principales víctimas por la violencia que viven en la casa, pero también la que padecen en la calle, pues están sujetas a situaciones que tienen que ver también con la agresión sexual. Por ejemplo, 2 de cada 3 mujeres han sufrido violencia alguna vez en su vida, se calcula que medio millón de mujeres han sido amenazadas de muerte por su pareja, el 16% de las jóvenes reporta haber sido ya víctima de un ataque sexual, el 50% de los niños que viven en la calle es porque huyeron de hogares violentos, el 39.7% señala haber sufrido algún tipo de agresión sexual en la vía pública, el 30% que ha sido hostigada en su trabajo y miles desaparecen para alimentar las redes de trata y comercio sexual. Sin embargo, nada de esto está presente en los monólogos en los que sólo prevalece la visión del presidente.     Continua...    

 
 
Iglesia-Estado… dos espadas

José Fernández Santillán*

Con la disputa entre el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, y el cardenal Juan Sandoval Íñiguez, entramos a un capítulo más de la interminable controversia entre la autoridad civil y la autoridad eclesiástica. Este pleito, con toda evidencia, no es tan sólo personal; involucra, por lo menos, a dos Poderes de la Unión: la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la cual declaró el 5 de agosto pasado la validez constitucional del matrimonio entre personas del mismo sexo, seguida de la aprobación el 16 de agosto, para que las parejas gay puedan adoptar a menores de edad. También está metido en esta controversia el gobierno federal, en virtud de que tiene la obligación de velar por la observancia de las leyes de la República, en especial, en este caso, del artículo 130 de nuestra Carta Magna.

El contraste del comportamiento de estos dos poderes no puede ser más marcado: en tanto que los ministros de la Corte dieron un paso decisivo en defensa del Estado laico, así como de la libertad y la igualdad de los ciudadanos, independientemente de su condición social, sus preferencias sexuales y religiosas. El gobierno federal ha sido omiso para frenar este nuevo embate de la clerecía en contra de las instituciones y normas de la República.

Hizo bien Marcelo Ebrard al reaccionar en contra del infundio proferido por Sandoval acerca del supuesto soborno en el que habría incurrido él, como jefe de Gobierno capitalino, al “maicear” a los ministros de la Corte. Allí está puesta la demanda por daño moral a la que tendrá que responder el jerarca católico. No hay mejor camino para responder a esta clase de agravios que recurrir a las normas vigentes y a la cordura. Ciertamente, Marcelo actuó con prestancia hasta que, desgraciadamente, antier, en un recorrido por el World Trade Center, cayó en la misma vulgaridad de su rival al mostrar una caja de huevos con dedicatoria a Sandoval.

Peripecias aparte, el asunto es muy serio porque están en juego los cimientos de nuestra civilidad y concordia. No por casualidad uno de los padres del Estado laico, Thomas Hobbes, ubicó a la Iglesia como uno de los rivales más enconados del poder público. Por ese motivo polemizó, en el capítulo 44 del Leviatán, con aquellos pensadores que defendían “la teoría de las dos espadas”, según la cual, efectivamente uno era el poder del Papa y otro el poder del rey pero que, en una ponderación entre ambos, la espada del vicario de Cristo en la Tierra es superior a la espada del monarca. Se trata de una supremacía a la que la Iglesia católica no ha renunciado del todo y que recurrentemente reivindica. Tal es el caso de la controversia que nos ocupa.     Continua...